Si no lo veo no lo creo

El proyecto  Humanitzem l’home se propone hacer una investigación sobre los campos de concentración, desde tres aspectos: la historia, la  ética y la religión.  El primero se centra en explicar el contexto histórico en el que Hítler tomó el poder y obtuvo el control de Alemania. El segundo trabaja los Derechos Humanos y otros  valores, entre los que destaca lo que implica privar a una sociedad de su libertad. El último bloque fue el de ámbito religioso donde se hicieron preguntas como: ¿Dónde estaba Dios en ese momento? ¿Por qué Dios dejó que pasara esto? Pero también descubrimos que Dios está en las personas como el padre Kolbe, que dio su vida para salvar a otros.

TREBALL DE CAMP

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La palabra que utilizaría todo el mundo para describir esta experiencia sería “impactante” pero prefiero decir que ha sido “diferente”. Visitar Auschwitz no es un viaje; es una experiencia. Hemos aprendido historia, disfrutado de nuestros amigos, desarrollado la empatía, pero sobre todo, hemos sido  “tocados” por dentro.

Durante toda mi vida había oído hablar de la 2º Guerra Mundial, de Hitler, de los campos de concentración… pero no dejaba de ser la teoría aprendida en un libro. Pisar Auschwitz y respirar el mismo aire que los judíos, ha significado una explosión de emociones.

Visitamos Auschwitz I y Auschwitz II – Birkenau, campos de exterminio en los que murieron miles de personas. Pudimos ver la ropa que les quitaban a los presos, los zapatos, las maletas con los nombres de las familias que nunca volverían a ver, gafas, betún, incluso montones de toneladas de cabello cortado. En Auschwitz II–Birkenau casi pudimos sentir el sufrimiento de verdad, pues entramos en los barracones donde dormían, y vimos las camas y las letrinas que utilizaban… Al escribir y recordarlo se me pone la piel de gallina.

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Lo que realmente me ayudó a darme cuenta de lo que habían vivido los prisioneros fue el frío. Yo iba muy abrigada y seguía teniendo frío. Solo de pensar en ellos, en su bata y en sus humildes zapatos, me entraba un malestar horrible. Una angustia vital. 

Esa misma tarde vino a hablar de su experiencia en el campo la ex prisionera Lydia Maksimovich. Ella salió del campo con 5 años y nos explicó que su madre cada día arriesgaba su vida yendo desde el barracón de las mujeres al barracón de los niños para llevarle comida. !arriesgar cada día la vida por los hijos! esto sí que es el amor puro.

Otro momento clave del viaje fue cuando Lydia nos enseñó su brazo; nos quedamos helados cuando al levantarse la manga de la camisa descubrimos el número 70072. ¡Vi con mis propios ojos el número marcado en su piel.!¡Y no era una película!

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Fue interesante escuchar de viva voz cómo Lydia sobrevivió  (en parte) gracias a su físico, porque era rubia con ojos azules, prototipo de la raza aria. Con esto nos explicó que a los niños los mantenían con vida para hacer experimentos, como por ejemplo, el Dr. Menguele, que  intentaba cambiar el color de los ojos. ¿Qué pasaba? Pues que los niños terminaban con infecciones en los ojos o incluso ciegos.

La charla de Lydia nos impactó mucho, pues ella misma había pasado hambre, miedo y frío en el horrible lugar que habíamos estado por la mañana.

Me fui a dormir obsesionada por todo lo que habían sufrido estas personas y también con el miedo de pensar que no estábamos viviendo o sintiendo suficientemente el viaje. Pero por suerte, compartir estas experiencias con los compañeros, nos ayudó a digerirlas y a interiorizarlas para convertirlas en una reflexión más serena y personal.

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Carlota Ferrer y Blanca Mas de Xaxàs

Fotos: Guille Beneyto

 

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