¿Quién engaña a quién?

Soberana y alta señora:

El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea de El Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que, además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡Oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto; que, con acabar mi vida, habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte,

El Caballero de la Triste Figura.

El fragmento forma parte de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes y se encuentra en la primera parte del capítulo XXV. Es una carta de Don Quijote a su amada Dulcinea, en la que podemos observar el inestimable afecto  que le tiene. Recordamos que su enaltecida e imaginada Dulcinea es en realidad una rucia y vulgar labradora. En eso radica la parodia de Cervantes, en ridiculizar los libros de caballerías creando  un personaje desfasado en el tiempo y en el espacio, porque ha perdido el juicio. ¿Cómo ha llegado a tal extremo? Sabemos que el Quijote se vuelve fanático de los libros de caballerías y de todos los personajes que habitan en ellos, pero ¿cómo puede haber conseguido enamorarse de alguien que no existe?. Llegados a este punto nos podemos preguntar ¿Quién engaña a quién? ¿El corazón a la mente o la mente al corazón?

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Intuyo que es la mente la que engaña al corazón, porque es ella la que le hace pasar malas jugadas: página tras página, libro tras libro, caballero tras caballero hicieron que el protagonista viviera su propia aventura en la vida real, más allá del papel de las páginas y  de la silla en la que pasaba horas con sus libros. Don Quijote toma las riendas de rocinante, busca la compañía de Sancho, y se echa a la aventura para convertir sus vidas en una novela de caballería. Sin duda la mente le ha obligado a amar incondicionalmente aunque los seres fueran  de ficción. ¿Qué importa lo demás si el corazón siente?

No obstante, también podría ser justo al revés, que fuera  el corazón el que engañara a la mente, y que las emociones que le producían sus lecturas, hubieran nublado su juicio.  Fue el corazón el que estaba incompleto al perder los libros, y éste se sació con la vida real. Don  Quijote necesitaba sentir otra vez la tensión de un duelo, o la valentía de una batalla y al no tenerlo,  engañó a la mente para seguir viviendolo.

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¿Quién engaña a quién? ¿Mente o corazón? Fuese quien fuese la mala coordinación de ambos llevó al protagonista a la locura, a fantasear, a no ver más allá de lo que su propio ser necesitaba para saciarse. Concluimos pues que la coordinación de este órgano y músculo ensalzan a la persona transportándola a una vida más aprovechada, más llena.

Lluc Escuder

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